Recuerdos del Pasado – Spyro The Dragon

Hace relativamente unos días que ha salido al mercado Spyro Reignited Trilogy para Xbox One y Play Station 4, por lo que me he preguntado… ¿Y si escribo algo? Pues bien, he decidido ponerme al teclado y machacarme los dedos con una ración de nostalgia de la primera Play Station.

¿Os he dicho que me encanta esta sección? Volver a mi infancia y recordar aquellos momentos de travesuras con mis primeras consolas… Dios, qué tiempos. En fin, creo que va siendo momento que me ponga a hablar del dragoncito morado que tanto hizo disfrutar al pequeño Rober.

Spyro the Dragon llegó a mis manos por parte de mi Padre, exactamente de un pack de juegos que le prestó un conocido. En ese pack también se encontraba el juego de Hércules y el de Tarzan, los cuales también me encantaron, pero cuándo pude meter el disco de Spyro en la consola, lo que descubrí me tuvo atrapado durante un tiempo.

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Sí, un tiempo que ahora se mide al milímetro con todo lo que van lanzando al mercado, cuando entonces ni mediamos lo que estábamos delante de la TV. En mi habitación se encontraba la bicicleta estática de mi Padre, la cual usaba de sillón gamer de los 90 bastante resultón e incomodo para mi culo, y con la que pude pasarme casi toda mi colección de Super Nintendo y los Final Fantasy de PS1. Lo dicho, mi culo se resentía con ese sillín tan incomodo, pero era lo único que tenía a mano para poder jugar con plena “comodidad”, ahora se estilan los sillones gamers bien cómodos y entonces teníamos que apañarnos con lo primero que teníamos a mano, hasta tirado encima del escritorio (Donkey Kong Country e Illusion of Time).

Volviendo a Spyro, lo que hizo Insomniac en su día fue llenar de ilusión a los niños con una aventura accesible y al que le sentaba genial un entorno 3D. Spyro iba acompañado de su gran amigo Sparx, una libélula que nos salvaba el culo más de una vez y del que tenía momentos divertidos junto a nosotros, aunque la llamaba “Come gemas”.

¿Había algún súper villano? Pues claro, nada más y nada menos que Gnasty Gnorc. Este Gnorc verde quería dominar los reinos del dragón y para ello congelo a toda mi familia, digo… dragones. Aún así, con las secuelas llegarían nuevos villanos mucho más trabajados, pero Gnasty es Gnasty.

Tras este pequeño resumen, lo bueno que tenía el pequeño Spyro era lo variable de sus niveles. Podía haber de carreras, vuelos, persecuciones, etc. incluso minijuegos que te hacían desconectar de recolectar gemas o salvar a los dragones.

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Lo que más recuerdo es cuándo llegué a su final, sin darme cuenta, mientras mi Madre no paraba de llamarme para ir a cenar. Finalmente tuve que pausar el juego y continuar después, ya que para mi asombro, era el final del juego. ¿Recordáis esa sensación de vacío al finalizar una serie o película? Pues eso me pasaba a mí.

Realmente me ha pasado con aquellos juegos que he disfrutado desde el primer momento, dándome pena, pero… Como siempre digo, los niños teníamos más tiempo libre, por lo que acababa rejugandolo sin sentir que se me hacía pesado.

Para mi sorpresa, Insomniac Games lanzó dos secuelas: “En Busca de los Talismanes” y “El Año del Dragón”. Este último no pude disfrutarlo al completo, pero su segunda parte me acompañó en las noches de verano cuándo iba de visita al pueblo. No me duele decir que apenas tenía amigos por mi pueblo, por lo que me dedicaba a explorar la zona, disfrutar con la familia y en las siestas al vicio (alguna noche también).

Recuerdo especialmente que el segundo mundo de Spyro 2 caló bastante en mí. Llanuras Otoñales daba una sensación de vacío bastante notable, hasta tal punto que me sentía extraño. No me sentía cómodo cada vez que pasaba por ese mundo, por lo que intentaba completar los niveles y pasar al siguiente, ya que no tenía apenas nada en el entorno y junto a Spyro, compartía su soledad.

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Quitando eso, la trilogía es muy buena y junto a la de Crash, tengo grandes recuerdos de mi infancia. Me encanta escribir sobre ello, ya que me hace volver a una época en la que tuve alguna que otra alegría, aunque… Echo en falta a un buen amigo con el que disfrutaba de esta afición entre otras cosas, pero sé que me acompaña y observa mientras avanzo en el camino de la vida.

Gracias a todo aquel que haya llegado al final del artículo, ya que aguantar a un nostálgico como yo es difícil. ¡¡Nos leemos pronto!!

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